relación entre el hombre y la naturaleza en la literatura española

La Naturaleza en el Romanticismo deja de ser un mero escenario pues, tal y como veremos a continuación, detrás de una montaña con neblina, de un mar furioso o de un solitario bosque hay mucho simbolismo que desentrañar.


Es inevitable que volvamos la vista hacia atrás para comprender el brusco contraste entre la Naturaleza neoclásica y la romántica. Como otros ámbitos, el mundo natural también se debía pasar por el tamiz de la razón, depurando así las irregularidades que ésta contenía. Los paisajes neoclásicos estaban delimitados por el hombre, es decir, son serenos, dóciles, con un  arquitectura recta y armónica. La naturaleza clasicista está, pues, a merced de los intereses humanos. Con la llegada de las ideas románticas esta situación cambiará de manera radical pues no solo dejará de ser un mero escenario sino que se le otorgará un alma y una amplia variedad de simbolismos ocultos.

El trasfondo filosófico romántico se compone de influencias neoplatónicas y místicas con teorías científicas de la época. El neoplatonismo muestra un equilibrio entre las diversas potencias del cosmos: el macrocosmos y el microcosmos (el hombre), que se relacionan entre sí pero que a la vez son independientes. Se puede decir que hay fuerzas activas en el Cosmos que actúan de manera independiente pero que a la vez lo sustentan. Por otro lado encontramos la mística, donde podemos incluir algunos puntos de la Cábala como el mensaje oculto de las palabras o la concepción mística de la Naturaleza. Además del neoplatonismo, la mística y la ciencia, también se tomaron elementos de la mitología, la teología o la teosofía. Esta tendencia filosófica, que cobra fuerza durante el Romanticismo, es conocida como Filosofía de la Naturaleza, la cual ya existía desde la antigüedad clásica.

La filosofía de la naturaleza romántica incluye la ciencia en sus teorías pero la usa a conveniencia, es decir, la manipula o la integra dentro de sus parámetros, aceptando de este modo los elementos que encajen en ellos y descartando los que no se ajusten, postura que bien representa Friedrich Schelling. Resumiendo, la “naturaleza racional” sigue siendo un centro de interés para los románticos. Lo que ellos hacen es irracionalizarla y dotarla de un halo espiritual y simbólico.

Si con el Clasicismo veíamos la imagen de una naturaleza ordenada y racionalizada, el Romanticismo romperá las cadenas de la razón. Ahora el medio natural no será solo el marco físico, el escenario, sino que funcionará por sí mismo como símbolo. Ya no está supeditado al hombre, al contrario, ya que es él quien acude a buscar sus señas de identidad, dotando de esta manera a la Naturaleza de un fuerte simbolismo que impregnará poco a poco el subconsciente.

La Naturaleza tiene en sí la capacidad de evocar. Hasta sus formas más pequeñas y simples son capaces de inspirar a los autores. En las obras, ya sean de arte o poesía, no solo estará reflejado el paisaje y su simbolismo sino el estado anímico del propio autor.

La Naturaleza romántica es indomable e imponente. El hombre se siente dominado, hipnotizado por ella y reconoce sus limitaciones, por tanto, ama y admira la doble faceta que ésta posee: benevolente y destructora. Además se introducen una serie de nuevos factores pues en ella se busca a la divinidad y se pretende alcanzar “lo absoluto”. Se intenta buscar el mundo sobrenatural a través del paisaje natural. El romántico refuerza sus lazos con la Naturaleza y se comunica con ella a través de los sentimientos.

Como ya hemos apuntado, los motores del pensamiento romántico son la imaginación y los sentimientos. Del mismo modo se moraliza la Naturaleza, devolviéndole la faceta simbólica de la que gozaba en los primeros siglos medievales. El arte y la poesía usarán el paisaje como elemento moralizante y otorgarán a los elementos naturales, o artificiales como las ruinas o los barcos, un simbolismo predeterminado que reflejará el sentir del autor. Los árboles, por ejemplo, simbolizarían la religión viva en la Naturaleza, además de jugar asociando diversas especies, como se da en la pintura de Friedrich.

Por tanto, el verdadero objetivo de los románticos es reflejar la esencia de las cosas, trascendiendo la realidad física a través de la imaginación y el subconsciente. Es importante captar la esencia de las cosas para así poder evocar sentimientos .

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